Nuestros expertos intentaron domar a estos revoltosos con experimentos inofensivos… pero fue un desastre. Los Fugglers explotaron los tubos de ensayo, se tiraron pedos en la cara de los científicos y se lanzaron a nadar desnudos en líquidos desconocidos. Ahora andan sueltos, causando caos a donde van y dejando aún más desastre que de costumbre, con colores locos y marcas rarísimas. ¡Estos traviesos no tienen arreglo! Con su clásico boton en su colita, dientes humanos, ojos vacíos y actitud inquietante, cada Fuggler es un desastre encantador.






































































































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